(Pure Decant)
Aromas · Recuerdos · Afectos
Recordá esos aromas de los que amás
A veces, volver empieza
por un aroma.
Una cocina. Un taller. Un beso antes de dormir. Hay recuerdos que guardamos con tanto detalle que basta una semejanza en el aire para querer quedarnos un rato más.
Lo sentís.
Te quedás un segundo.
"Esto me recuerda a…"
Y la frase tarda en terminarse, porque la escena parece llegar antes que las palabras.
Quizás es la cocina de tu abuela. La mesa tiene el mismo mantel de siempre. Hay un budín todavía caliente, una taza esperando y alguien que corta una porción más grande de la que le pediste.
Te sentás. Desde la otra punta de la mesa te preguntan cómo estuvo tu día. Podés empezar por cualquier cosa, hablar sin ordenar demasiado lo que vas a decir. Tenés tiempo.
El recuerdo está en el olor de esa masa tibia, pero también en la manera en que te recibían.
Y por un instante te dan ganas de volver a sentarte ahí.
La cocina
"Esperá, que te corto otro pedacito."
Vainilla tibia. La corteza del budín. Una tarde sin apuro.
Tal vez recuerdes primero el ruido del cuchillo contra el plato. O la mano que acercaba la taza para que no se te enfriara.
Después aparecen los detalles: el borde un poco más tostado, el dulzor que llenaba la cocina, una puerta abierta por donde entraba el aire.
Un perfume que te evoque algo de ese aroma puede hacerte pensar en la escena completa. En lo bien que se sentía tener un lugar reservado en esa mesa.
El taller
El mundo a la altura de un banco de trabajo.
Virutas. Madera cortada. Una camisa con olor a taller.
Quizás tu abuelo trabajaba mientras vos mirabas. Te mostraba lo que estaba haciendo, te dejaba sostener una pieza y esperaba a que entendieras.
Las virutas se juntaban cerca de sus zapatos. Vos seguías el movimiento de sus manos, atento a algo que parecía importante porque él te lo estaba enseñando.
Una faceta de madera puede recordarte ese lugar. El olor que se quedaba en la ropa y que para vos tenía algo conocido, seguro, suyo.
La cercanía
Un beso en la frente.
La ventana abierta.
Aire de verano. Piel. Una suavidad que asociás con mamá.
Puede ser una noche de calor. La cortina apenas se mueve y todavía llegan voces desde otra habitación.
Mamá se inclina para darte un beso. Sentís su perfume de cerca: quizá una frescura suave, algo que te recuerda almendras, esa mezcla particular de aroma y piel que reconocías sin tener que mirar.
Después acomoda la sábana y deja la puerta entreabierta. La casa sigue despierta un rato más. Vos podés dormir.
"Qué lindo sería
sentirlo una vez más."
Ese aroma que para vos significa alguien
El recuerdo también puede
ser de ayer.
La camisa de alguien que querés, apoyada en el respaldo de una silla. El perfume que queda cerca después de un abrazo. La cocina donde se reúne tu familia un domingo cualquiera.
Hay escenas que todavía estás viviendo y que ya sentís valiosas. Te gustaría conservar algo de ellas: la luz, una voz, esa facilidad para estar junto a ciertas personas.
Quizás empezás a reconocer un aroma porque aparece una y otra vez en esos encuentros. Con el tiempo lo sentís en otro lugar y pensás enseguida en quien lo lleva.
Es una asociación personal. A otra persona ese mismo olor puede decirle algo completamente distinto. Para vos tiene un nombre, una manera de abrazar, una historia.
Buscar una semejanza
A veces alcanza
con un matiz.
No hace falta encontrar una copia exacta de aquella escena. Puede ser una textura, una frescura o un fondo que te resulte familiar.
Una vainilla que te recuerde la masa de un budín, una madera con una faceta parecida a las virutas del taller, una suavidad almendrada que te acerque a ese beso.
Son posibles asociaciones, y cada perfume las construye de una manera distinta. Que una fragancia declare vainilla, madera o almendra no asegura que vaya a parecerse a tu recuerdo.
También puede pasar que encuentres la semejanza donde no la esperabas. En una combinación que no sabés describir, pero que al olerla te hace detenerte.
Empezá por lo que
todavía recordás.
Podés intentar contarlo con tus propias palabras. ¿Era dulce como algo recién horneado? ¿Seco como la madera? ¿Fresco, cremoso, parecido a una tela limpia?
Si conocés el nombre del perfume que usaba esa persona, tenés un punto de partida concreto. Si sólo conservás la sensación, podés explorar perfiles que se acerquen a ella y ver qué te pasa al usarlos.
¿Qué lugar aparece cuando lo siento?
¿A quién me dan ganas de nombrar?
¿Quiero volver a sentirlo cerca?
Un decant te permite conocer una cantidad menor de una fragancia original. Podés probarla con tiempo y descubrir si hay algo en ella que quieras conservar en tu rutina.
El perfume que elijas tendrá su propio olor. Quizás, entre sus matices, encuentres uno que te resulte profundamente conocido.
Te acercás la muñeca.
La escena vuelve a asomarse.
El plato sobre la mesa. El banco de trabajo. La mano que te apartaba el pelo antes de darte un beso.
Te quedás unos segundos con lo que recordás. Tal vez sonreís. Tal vez te dan ganas de llamar a alguien y contarle una cosa que hacía mucho no nombrabas.
Y elegís volver a usar ese perfume porque te gusta lo que te trae. Porque en medio de un día cualquiera encontraste un detalle que querés tener cerca.
Algo pequeño, reconocible. Algo que para vos tiene cariño.
Recordá esos aromas de los que amás
Acercate a ese aroma
que te resulta familiar.
Empezá por un perfil que te recuerde algo querido. Probalo con tiempo y descubrí qué lugar tiene en tu propia historia.
Encontrá tu próximo aroma ↗